Compañero Eugenio Rodríguez Vela:
Te escribo esperando sigás en la batalla y te encontrés paseando por algún lugar soleado y con paisaje. Tambień te entero que hace unos días, al salir de tu casa -que ahora es la mía- me abordó un joven con un traje que a primera vista se notaba no era suyo, sino de alguien mucho más pequeño, porque las mangas del saco luchaban por alcanzar sus codos. Prosigo. Me preguntó con voz fuerte, ¿es usted el señor Rodríguez Vela? Le contesté que no, pero que me gustaría serlo. Me miró sin inmutarse, luego abrió su portafolio descarapelado y sacó un sobre. Me dijo, ya que le gustaría ser él, le dejo este documento, léalo, y si después de esto no le avisa al señor Vela que hablamos en serio, "atenganse" a las consecuencias. ¿Cómo ves, querido compañero? Tomé el sobre, que bien pude no haberlo hecho, pero como te dije antes, tu resistencia es la mía.
Sentado incómodamente en el conejobus, abrí el sobre, encontrando palabras como negligencia, juzgados, derechos de acción y cobro, estatus crediticio y la joyita: Boletinado ante el Buró Nacional de Crédito como PERSONA NO SUJETA A CRÉDITO Y CON FALTA DE RESPONSABILIDAD. ¿No es lindo el lenguaje? Luego, en un segundo párrafo, leí lo que me ha llevado hoy día a escribirte desde mi trinchera, donde espero los primeros obuses, y fueron estas palabras: EMBARGO DE BIENES SUFICIENTES PARA GARANTIZAR EL PAGO DE LA OBLIGACIÓN Y PAGO DE GASTOS Y COSTAS EN SU CONTRA. Más adelante detallan las diferentes maneras que utilizarán para llevar a cabo el embargo, que va desde una amabilidad tiburonesca hasta el de reventar la puerta por los medios que sean necesarios, penetrar y embargar lo que encuentren.
Y hoy te digo, querido compañero, como te dije la última vez, ¡aguantá, Euge, aguantá! Quedate tranquilo que yo acá estoy armado hasta los dientes. He preparado la primera línea de resistencia y algunas sorpresillas por si vuelve el del traje apretado y demás compinches. Compré igual provisiones para un sitio largo, y he cubierto mis deudas para evitar que aliados incómodos llegasen a integrarse a ese grupo empresarial. Ahora mismo estoy leyendo a Bakunin y mirá, que si la defensa resulta a mi favor, el siguiente paso será la abolición del Estado.
Desde algún lugar de la terraza, te envío un saludo fraterno.
Te escribo esperando sigás en la batalla y te encontrés paseando por algún lugar soleado y con paisaje. Tambień te entero que hace unos días, al salir de tu casa -que ahora es la mía- me abordó un joven con un traje que a primera vista se notaba no era suyo, sino de alguien mucho más pequeño, porque las mangas del saco luchaban por alcanzar sus codos. Prosigo. Me preguntó con voz fuerte, ¿es usted el señor Rodríguez Vela? Le contesté que no, pero que me gustaría serlo. Me miró sin inmutarse, luego abrió su portafolio descarapelado y sacó un sobre. Me dijo, ya que le gustaría ser él, le dejo este documento, léalo, y si después de esto no le avisa al señor Vela que hablamos en serio, "atenganse" a las consecuencias. ¿Cómo ves, querido compañero? Tomé el sobre, que bien pude no haberlo hecho, pero como te dije antes, tu resistencia es la mía.
Sentado incómodamente en el conejobus, abrí el sobre, encontrando palabras como negligencia, juzgados, derechos de acción y cobro, estatus crediticio y la joyita: Boletinado ante el Buró Nacional de Crédito como PERSONA NO SUJETA A CRÉDITO Y CON FALTA DE RESPONSABILIDAD. ¿No es lindo el lenguaje? Luego, en un segundo párrafo, leí lo que me ha llevado hoy día a escribirte desde mi trinchera, donde espero los primeros obuses, y fueron estas palabras: EMBARGO DE BIENES SUFICIENTES PARA GARANTIZAR EL PAGO DE LA OBLIGACIÓN Y PAGO DE GASTOS Y COSTAS EN SU CONTRA. Más adelante detallan las diferentes maneras que utilizarán para llevar a cabo el embargo, que va desde una amabilidad tiburonesca hasta el de reventar la puerta por los medios que sean necesarios, penetrar y embargar lo que encuentren.
Y hoy te digo, querido compañero, como te dije la última vez, ¡aguantá, Euge, aguantá! Quedate tranquilo que yo acá estoy armado hasta los dientes. He preparado la primera línea de resistencia y algunas sorpresillas por si vuelve el del traje apretado y demás compinches. Compré igual provisiones para un sitio largo, y he cubierto mis deudas para evitar que aliados incómodos llegasen a integrarse a ese grupo empresarial. Ahora mismo estoy leyendo a Bakunin y mirá, que si la defensa resulta a mi favor, el siguiente paso será la abolición del Estado.
Desde algún lugar de la terraza, te envío un saludo fraterno.



