20100126

Cuando la música termine


Nena... cuando la música termine nosotros también estaremos acabando con el resto... disfruta del paisaje sin prisa, aún la noche aclara y el sol oscurece... nada hay bajo este tímido manto de estrellas... sólo pavesas... sshhhhh... silencio... amarra bien los párpados, sujetarlos al destello más próximo será lo preciso... ssshhhh... escucha el silencio detonando ante nosotros... somos el fin y el principio... el periplo alucinante sobre esta inmensa roca en el medio del infinito... el Sol ya casi oscurece y la noche se enciende... cuando la música termine se habrá completado nuestro destino... ingresaremos igual, con calma, ajenos pero sabios... encenderemos unos versos y calentaremos el alma... abre tu cuerpo... déjame acabar contigo... déjame eclosionar auroras en el principio de todo, donde todo comienza, donde nací... nacieron... nacimos... déjame... ssshhhh... silencio... la tierra está vibrando... vibremos juntos.

Nena... cuando la música termine habremos migrado... sujeta mi alma... deja caer el resto... déjame ocupar un lugar en el claro de tu cuerpo... cierra.. atrapa la avalancha... quédate en mi memoria sin heridas... salta y no voltees que la eternidad está sólo a unos pasos... en el fuego intenso... el haz de luz que dibuja la elíptica del deseo.

Nena... cuando la música termine nosotros estaremos acabando también adentro... sin regreso... el Sol se apaga y la noche brilla intensa, igual que tu mirada en el espejo.

When the music over / The Doors


20100122

Adiós a Nueva York

Una tarde cualquiera, una agrupación de feroz fe islámica planea un atentado aéreo sobre la ciudad más segura del mundo. Armados con Alá y cuchillos entre los dientes parten rumbo a New York. Ocho en total, se dividen para secuestrar tres aviones que pretenden estrellar en símbolos importantes para los nacidos en la tierra de la libertad. Parece una misión imposible. Cambio de escena al ciudadano común, que no imagina a ningún otro super enemigo acechando su vida. Ya antes estuvieron Godzilla, Lex Luthor, Magneto, el Pingüino, el Duende Verde, el Dr. Pulpo, asteroides extraviados y la devastación climática que alteró los polos un día en una sala de cine. No, ahora los enemigos se manifestarán desde el asombro. Vuelta a la escena donde un avión, y luego otro, se estrellan contra las torres gemelas. Y el ciudadano común se descubre en el medio de un ataque, un atentado de película confirmado por las pantallas gigantes de la Quinta Avenida. La Capital del Mundo bajo ataque. En el inconsciente se convocan a los super heroes que nunca llegarán. Están solos. Cambio a escena en un bunker secreto con mando a distancia, integrado por lo best of the best en asuntos internos. Los aviones se estrellan y ahora sigue el trabajo de demolición, porque no solo derribarán hormigón y acero, derribarán el último reducto de seguridad posible. Cambio a pantallas de televisión. Ya no hay pretextos. En minutos las noticias descubren que el enemigo es talibán, locos fanáticos, desequilibrados. Luego imágenes de algún lugar del mundo islámico, donde otros fanáticos bailan y cantan, celebrando la desgracia gringa. Eso bastó para culparlos. Cambio de escena. Rueda de prensa por parte del mandatario del país más poderoso del mundo. Dice que el enemigo tiene turbante y barba, y que es un enemigo del mundo, y remata diciendo "Dios nos ha elegido para dirigir esta cruzada. Quien esté contra ese designio, está contra mí". Luego una lágrima resbala por su mejilla. Alguien en la sala de cine se tira un pedo. Alega haber visto la misma película hace años. Como olvidar Lincon Falls, Zapruder contra la bala mágica, Viaje al centro de la Luna o la multipremiada Adiós a Vietnam. Y todos coinciden: el cine se ve mejor en el cine.

20100106

No eres tú... soy yo

Antes de finalizar el mes de diciembre Ana supo que ya no quedaba mucho por decir. Todo se había ido al caño. ¿Lamentarse? ¿Arrepentirse? Cerró el sobre humedeciendo el borde con su lengua. Mañana lo llevo al correo, se dijo antes de tragar el último resabio de goma que selló la carta. Caminó hasta el reproductor de discos y seleccionó la pieza preparada de antemano. Un hormigueo en la planta de los pies le animó a beber dos dedos de tequila que desapareció de un solo trago por su garganta. En segundos la voz de Margie Bermejo le terminó de calentar el pecho.

Matar... una pasión... que es verdadera... no tiene ni castigo, ni perdón...

Esta vez no hubo lágrimas amenazando desbordar sus ojos claros. Ella entregó todo, tanto, que fue demasiado para su compañero. ¿Tenía ella la culpa de estar hecha de fuego? ¿De haber nacido con olor a mango, a ganas infinitas, igual a las entregadas sin condición? Se sirvió cuatro dedos más de tequila y respiró profundo antes de atacar el líquido ambarino.

Si piensas... intimamente... sabrás, que ya me has perdido,.. porque nunca me has querido, como yo... te quise a ti...

Pensar en otra oportunidad le provocó una mueca de desilusión. Sus manos apretaron la taza y terminó con el resto del tequila. Margie se posesionó de Ana, quien con el sentimiento a flor de piel, cantó a través de ella con esa misma pasión, una pasión amarilla, aromada.

Cuando sientas el olvido, que duele, constantemente, sentiras intimamente, haber perdido mi amor...

¿Cómo decirle a un hombre que una mujer cuando ama, lo hace a morir? ¿Cómo explicarle que el calor de las caricias, cuando se extrañan, quemán por dentro y son un martirio? Ya no tenía caso. Mañana llevaría el sobre al correo, lo certificaría para asegurar la entrega en la propia mano de un nuevo amor,

Margie Bermejo / Intimamente


20091223

Infecto

Jueves en la noche, frío inusual. Recién ingreso al PidGin y el mensajero destaca una conversación destellando en el lado superior derecho de la pantalla. Es "G".

Cuando un amigo se va: Buenas noches! Cómo te va!

Yo: Bien, que dice el soconusco.

Cuando un amigo se va: Ya sabes, llueve y el calor se pone peor.

Yo: Ah, que joda, acá con el frío no da ganas de nada. Y qué milagros que te conectas?

Cuando un amigo se va: Es que ando preocupado...

Yo: Vos preocupado? A chingá, contame.

Cuando un amigo se va: Sí, ya sé que piensas que mi vida es un desmadre pero nel, estoy preocupado porque me enteré que un amigo mío, ex compañero del trabajo, murió de sida.

Yo: Caray que pena... y era muy amigo tuyo?

Cuando un amigo se va: Pues fue un buen compañero de trabajo, cuando compartíamos la oficina de diseño, era buena onda.

Yo: Pues una pena que falleció, imagino que era joven.

Cuando un amigo se va: Sí, era más joven que yo, andaba en los veintitantos.

Yo: Y puedo saber cual es tu preocupación?

Cuando un amigo se va: Pues eso, de lo que murió, pobre...

Yo: No te entiendo. Ya está muerto, se supone que está en un lugar mejor, tranquilo, deberías de estar tranqulio tú también, por eso no te agarro la onda por la preocupación.

Cuando un amigo se va: Eso cabrón! que murió de sida...

Yo: Disculpa que te pregunte pero... te lo chingaste vos a él o él te cogió a vos! jajajajaja.

Cuando un amigo se va: No mames wey, que te pasa, no soy mampo!

Yo: Pues entonces no sé porqué tanta preocupación!

Cuando un amigo se va: Me preocupa que sufrió mucho, el pobre, he visto como mueren los que están infectados y está jodido.

Yo: Aún así no me explico tu preocupación... ya la neta, dime, te lo atoraste o te atoró! jajaja.

Cuando un amigo se va: Vete a la chingada!

Yo: Pues wey, no me acabas de decir cual es tu pinche preocupación!

Cuando un amigo se va: Ya crece cabrón!

Yo: No te esponjes, Bob, para empezar vos me escribiste. y solito te estás despepitando, a mi qué me dices!

Cuando un amigo se va: Es tu pedo si no eres capaz de entender mi sentir.

Yo: Aliviánate! Cambiemos de tema. Vas a cenar esta navidad con tu familia o te vas a ir de viaje?

Cuando un amigo se va: Pensaba viajar al DF, pero me he sentido mal del estómago, aparte tengo calambres musculares, de la chingada.

Yo: No mames, ya entendí, eso es lo que te preocupa. Tu salud... y crees que son síntomas de un enfermo de sida, cierto?

Cuando un amigo se va: No...

Yo: Sí!

Cuando un amigo se va: Deja de chingarme.

Yo: Pinche compadre, te lo atoraste o te atoró!!!

Cuando un amigo se va: Nada de eso, soy hipocondríaco.

Yo: Ajá!

Cuando un amigo se va: Mejor ahí muere, que tengas felices fiestas.

Alba

Mientras Paco lamentaba no tener dinero para viajar a la ciudad de México, al concierto de Radiohead, yo, nervioso, checaba cada segundo la puerta del salón de económicos, esperando a mi amor platónico. Qué demonios me interesaba si el Foro Sol tenía diferentes entradas, y que caminar hasta el escenario principal era como ir de la Plaza Central hasta el estadio de fútbol. Mi interés estaba en Alba. Paco insistía, argumentaba que a pesar de ser rock alternativo, sonaba chingón. Que los boletos ya los tenía apalabrados con un compa, amigo de otro amigo, y que no había pedo. Fue entonces que le dije, ante tanta insistencia, que si Alba iba con nosotros, igual y pagaba el viaje, en camión de tercera, claro está. Paco me miró serio, respiró de un jalón y me dijo, ya vas puto, palabra de hombre, un día antes del viaje tenemos a tu obsesión con nosotros. Quise aclararle que no era ninguna obsesión, pero él había salido de prisa con rumbo a quién sabe dónde. Sin más creí en la promesa de Paco, mi amigo de la infancia.

Días después Paco tocó la puerta de mi casa. Cuando abrí lo hallé con el pecho inflado y cara de supermamón. Voy por los boletos o que pedo, pinche colocho, salimos hoy por la noche. Lo miré un instante y luego pregunté por lo pactado días atrás. Pinche colocho, como crees que te voy a fallar. Alba te espera hoy en su casa. No llegues tarde. Noté una sonrisa malvada. Hoy mismo viajamos a la capital, apunté con desconfianza. Si wey, pero ella quiere que la vayas a "recoger", tu sabes. Le dí el dinero para los boletos y horas después estaba frente a la casa de Alba. Toqué el timbre, y noté que las manos me sudaban. Alba en persona abrió para recibirme con cara de asombro. Hola, que te trae por acá. De inmediato comprendí. PInche Paco, me había burlado de nuevo. Para redondear mi bochorno, pregunté, ¿no te avisó Paco? El silencio fue la mejor respuesta, Giré sobre mis talones y me marché a casa. ¿El concierto? No, gracias, necesitaba tiempo para encontrar la mejor manera de asesinar a Paco, mi amigo de la infancia.

20091216

La otra orilla

La luz del candil se filtró por un resquicio de la ventana, iluminando la sucia cortina. Y en ese diminuto resplandor los ojos de Alma se conectan sin prisa, desvaneciendo sobre el retazo de tela imágenes de días vividos, de presencias y ausencias a lo largo de una vida nómada por puro capricho, negándose el sentido gregario de su naturaleza.

De las presencias, varias, queridas y no. Igual el entrañable amor a sus padres, agradecida por la oportunidad de vivir y compartir junto a ellos y sus hermanos la vida, el equilibrio, pero sobre todo el amor. También de su libro preferido, del afiche y la música predilecta y del cielo que noche tras noche deleitaba sus pupilas, cuando pernoctaba después de largas caminatas en su errante destino, mochila a la espalda. Cielo donde el tiempo puede igual tardar un segundo o millones de años.

De las ausencias, muchas, como la de su hermana, su guía e inspiración; su bruja blanca. De la cama cálida, la sopa caliente y los amigos. La habitación familiar pero sobre todo el espejo. Su reflejo de cabo a rabo, de ida y vuelta; la otra orilla. Porque no encuentra mejor analogía que la vida como un río, donde impera -como en todos los demás signos- la dualidad, el estar y el ir. Un río con dos orillas, ella y su espejo; su gemela del horror.

De la cruza de ambas las burbujas frágiles, la música de fondo con olor a mar, a bosques y cuadros del más puro impresionismo. Noches de Luna llena y las ganas palpitándo entre las piernas. No se cansará de ser ella y la otra, posee y abandona, vuelve a levantar y tirar de nuevo para recoger después lo que considera necesario; nada más. La vida es un río con dos orillas, y apunta el timón de un lado a otro, sin rumbo fijo. Parpadea y un leve movimiento de la cortina termina por cerrarle los ojos, y entonces se duerme, y se deja llevar por algún recuerdo. A más de uno le ha dicho que es feliz como vive, y jura que no miente ni mentirá jamás.

20091215

Perfecto asesino

Madrugada del 12 de diciembre. Televisor repleto de mañanitas acá y allá. Cambio de canal y aparece una mujer de aproximados setenta años. Se mira frente a un espejo y se maquilla con parsimonia. Le cuelga la piel pero la mirada es torva, aguda, filosa. Cambia la escena a una calle concurrida. Ahí un hombre de considerable corpulencia mira aparadores. Supongo que es un bazar. No sé más porque he llegado a la película hace un minuto. El hombre se ajusta la gabardina. Parece que en esa ciudad de la cual ignoro el nombre, hace demasiado frío. Enciende un cigarro y al guardar la cajetilla aparece la cacha de una pistola. Vuelta a la escena del espejo. La anciana mujer se ajusta un gorro de estambre y se envuelve el cuello con una gruesa bufanda. Da una última mirada al espejo y destacan de nuevo los ojos afilados. Luego camina con dificultad hasta las escaleras, baja un par de pisos y aborda un taxi. Una mujer con el andar propio de alguien de su edad. En el interior se repite la fría mirada en el retrovisor. Se detiene el auto y baja frente a la tienda donde hace unos minutos estaba el corpulento hombre, el mismo que da una última bocanada a su cigarro para arrojarlo al suelo y apagarlo con fastidio. Intento adivinar: El hombre asesinará a la anciana, y esta no tiene idea de su pronto destino. Y en eso cavilo cuando la cámara se coloca atrás del hombre y al fondo, la silueta de la anciana avanza con paso decidido. Ya no camina vacilante, las coyunturas funcionan perfecto. El hombre se alza la manga de la gabardina para ver su brillante reloj, y es en ese momento cuando la anciana le perfora el craneo desde el cerebelo hasta el ojo izquierdo. El hombre tiembla unos segundos y luego afloja el cuerpo. La anciana no detiene el paso, dejando la estocada firme, segura. Nadie notó nada en un principio, pero al caer el cuerpo, un grito agudo hace notar la desgracia. La anciana recupera de a poco el paso reumático, hasta parece que se ha vuelto más pequeña. Voltea con grandes esfuerzos y con expresión de espanto se cubre la boca. Sólo es el remedo, porque en su mirada la muerte salta de gusto. Se ajusta el gorro de estambre y reinicia su trabajoso andar, libre de cualquier sospecha.